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SAPOS

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Los Sapos Comunes
Familia Bufonidae

 


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Bufo woodhousii fowleri

 

Los Sapos Comunes tienen una distribución prácticamente global. Se ausentan de Madagascar, Australia (introducido), las islas del océano Pacífico y Antártica. En su mayoría, son de hábitos nocturnos.

Las especies en esta familia, más de 400, son terrestres y muchas de ellas excavadoras. Claro siempre hay sus excepciones, siendo al menos una especie trepadora y otra acuática. Se les encuentra desde el nivel del mar hasta los 5000 metros de elevación.

La especie más pequeña mide unos 2 cm, mientras que la más grande logra los 25 cm. Muchos, no todos, tienen la piel seca y de aspecto áspero. En un buen número de estos sapos las glándulas parótidas son bien desarrolladas; se les pueden distinguir detrás de los ojos, sobre los hombros. Algunas especies aun tienen otras glándulas tóxicas en las patas.

Durante el tiempo de cría se congregan en los depósitos de agua. Las madres ponen los huevos en forma de cordones y pueden ser más de diez mil huevos en una puesta. Algunas especies son vivíparas, otras ponen los huevos sueltos, en otras el padre cuida de los huevos, otras ponen los huevos en agua estancada en la vegetación y otras en arroyos de mucha corriente. Normalmente la fecundación es externa, pero hay sapos en esta familia con fecundación interna.

La gran mayoría se alimentan de artrópodos; insectos y otros invertebrados. Aunque algunas especies se comen ratones recién nacidos y hasta a las otras ranas.

De acuerdo a la literatura de mascotas o coleccionistas, algunos sapos pueden lograr los 20 años de edad en cautiverio.

A los Sapos Comunes también se les llaman Bufónidos y Sapos Verdaderos. En inglés se les conoce por True Toads.

 

Bufo cognatus

Bufonidae

 
 
Sapos verdaderos
Bufo bufo 03.jpg
Sapo común (Bufo bufo)
Clasificación científica
Reino: Animalia
Filo: Chordata
Clase: Amphibia
Orden: Anura
Suborden: Neobatrachia
Familia: Bufonidae
Gray, 1825
Distribución
Distribución de Bufonidae (en negro)
Distribución de Bufonidae (en negro)
Géneros

Ver el texto

Los bufónidos (Bufonidae) son una familia del orden Anura, perteneciente a la clase de los anfibios. Muchas de sus especies se conocen con el nombre común de sapos; no obstante, numerosas especies pertenecientes a otras familias también son comúnmente denominados sapos. Esto es así porque las características que popularmente se utilizan para distinguir a las ranas de los sapos no son las mismas que se utilizan en la clasificación científica. Según la cultura popular, se diferencian en que las ranas tienen la piel lisa y húmeda, mientras que los sapos tienen la piel áspera y seca y son más caminadores que saltadores, de ahí que sus patas sean más cortas.

Los bufónidos se encuentran naturalmente en todos los continentes con excepción de Australia, donde han sido introducidos, y la Antártida. Se los encuentra en cualquier parte del mundo, excepto en las regiones árticas y en las zonas desérticas más áridas.

Los bufónidos carecen de dientes y tienen glándulas parotoides en la parte de atrás de su cabeza. Estas glándulas contienen diferentes toxinas que tienen diferentes efectos.

Como todos los anuros, sufren una metamorfosis durante su desarrollo. Comienzan su vida como renacuajos con su cuerpo similar a un pez, sin patas, con aletas y respirando a través de las branquias. Durante su metamorfosis, las aletas se convertirán en patas, desaparecerá la cola y la respiración pasará a ser pulmonar.

[editar]Referencias

 

[editar]Enlaces externos

 

El sapo común es junto a la rana común, el anfibio más popular y conocido de los presentes en nuestro país, y también el de más amplia distribución. Igualmente es el más grande y robusto  de todos, alcanzando a veces más de 20 cm. de longitud. Debido a su aspecto poco agraciado, desde la antigüedad ha estado asociado a multitud de leyendas negras que no lo han beneficiado mucho. Unos requisitos especiales de hábitat; tales como aguas limpias, frescas y con cierta profundidad, han hecho que se encuentre en franco retroceso o incluso que desaparezca de muchos lugares donde anteriormente habitaba, tanto en nuestra provincia como en el resto de su área de distribución peninsular. Cada vez hace menos honor a su apellido de “común”. A pesar de todo, sigue siendo una de las especies más abundante de anfibios.

 

Sapo común

(Bufo bufo)

 

Por José Luis Esteban Sánchez, Eduardo Escoriza Abril y Javier Fuentes Martín (AHG)

 

 

Hembra adulta, Nava de Cabra (Córdoba), abril 2005. © Javier Fuentes Martín

 

 


 

Ficha técnica:

 

Clase:              Anfibios

Orden:             Anuros (anfibios sin cola)

Familia:           Bufónidos

Género:           Bufo

Especie:          bufo (Linnaeus, 1758)

Estatus legal: No aparece incluida en el catálogo andaluz de especies amenazadas (Ley 8/2003, de 28 de Octubre, de la flora y la fauna silvestres), al estar considerada como “No amenazada”.

 

El Atlas y Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España, editado en 2002, lo cataloga como “Preocupación menor”, e indica igualmente que a pesar de su regresión generalizada en algunas zonas de nuestro país, no es una especie amenazada, debido a su extensa área de distribución, elevado número de individuos y no tratarse de una especie endémica española. No obstante, para la subespecie gredosicola  propone su inclusión en la categoría “Vulnerable” debido a su restringida área de distribución.

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Descripción:

 

Nos encontramos ante un sapo de gran tamaño, con longitudes medias en los machos que oscilan entre 60 y 85mm., y de 70 a 120 mm. en las hembras, aunque en ocasiones pueden observarse tallas que superan los 200 mm. en estas últimas. Los ejemplares meridionales tienen un tamaño algo mayor.

 

Su aspecto general es el de un animal robusto, con una cabeza no muy grande en relación al tamaño del cuerpo, algo aplastada, ancha y con un desarrollado arco supraciliar o ceja. El hocico es corto y redondeado. Las glándulas parótidas son alargadas, muy desarrolladas, y los tímpanos, de la mitad de tamaño que las pupilas, son poco visibles. La pupila es horizontal, y el iris de un color rojizo, característica esta suficiente para diferenciarlo de otros anuros parecidos como el sapo corredor (Bufo calamita).

 

 

Detalle cabeza hembra adulta. Sierra de la Carrasquilla, Lorca (Murcia), marzo 2005.

 

 

Su piel es rugosa con abundantes verrugas distribuidas por todo el cuerpo. En la subespecie spinosus están muy desarrolladas y pueden mostrarse muy coriáceas dando la impresión en algunos casos de espinas. El diseño de la piel es muy variable, aunque dominan los tonos de fondo marrón o rojizo, salpicados de manchas irregulares más claras de color crema o amarillento. Dependiendo de las regiones pueden ser desde casi completamente negros a otros diseños pálidos, incluso verdosos. El vientre es blanquecino salpicado de manchas oscuras.

 

Las patas anteriores son cortas con cuatro dedos y dos tubérculos en las palmas. Las posteriores son más largas y tienen cinco dedos con membranas interdigitales poco desarrolladas. Habitualmente se desplaza andando, aunque tiene capacidad para el salto, una de las características que nos sirven para diferenciarlo del sapo corredor. No existen muchas diferencias entre machos y hembras, y además de la presencia de dedos con un palmeado más extenso entre ellos en las patas traseras, los machos se caracterizan por ser ligeramente mayores y por la presencia de callosidades negruzcas en la garganta, vientre y sobre todo dedos delanteros durante la época de celo.

 

 

 

 

Postura típica en movimiento, Sierra de la Carrasquilla, Lorca (Murcia), marzo 2005.

 

 

Dimorfismo sexual: Las hembras tienen una talla muy superior a los machos, cosa que podemos apreciar claramente en la época de celo al encontrarnos con una pareja en amplexus o apareamiento. Las patas delanteras de los machos son mas largas y  durante el celo muestran unas callosidades oscuras en los tres primeros dedos de las manos y un tubérculo carpiano que le permiten agarrar fuertemente a la hembra durante el apareamiento.

 

 

 

 

Hembra adulta de excepcional tamaño, Sierra de Andujar, (Jaén), mayo 2004.

 

 

Larvas: Muy pequeñas, alcanzan un tamaño máximo de hasta 35mm. Son de color negro, y a simple vista es fácil confundirlas con las del sapo corredor. Si nos fijamos con detenimiento podemos observar que suelen presentan motas iridiscentes doradas y no tienen puntos blancos en la boca, lo que nos sirve para diferenciarlas de las del corredor. El espiráculo se encuentra en el lado izquierdo y dirigido hacia atrás. El ano ocupa una posición media al comienzo de la aleta caudal, encontrándose ésta poco desarrollada y terminada en punta redondeada. Otro aspecto que nos puede servir para diferenciar las larvas de ambas especies, es el medio acuático en que las encontremos pues el sapo común no suele utilizar charcas temporales para depositar sus huevos.

 

Distribución geográfica:

 

Ocupa una amplia extensión, que abarcaría la zona paleártica, extendiéndose por toda Europa hasta el círculo Polar Ártico por el norte y hasta Asia y Japón por el este, aunque en estas zonas no está muy claro si se trata de la misma especie u otra diferente. También aparece en el noroeste de África.

 

En España continental se encuentra en todas las provincias, y tradicionalmente se han contabilizado tres subespecies:

-Bufo bufo bufo; en el tercio norte occidental.

-Bufo bufo gredisicola; endemismo de la sierra de Gredos.

-Bufo bufo spinosus; que ocuparía el resto de las regiones y alcanza el mayor tamaño de todos. Actualmente no está muy clara su separación en 3 subespecies, pues las diferencias genéticas existentes entre ellas no son muy significativas y se considera más bien que son sólo diferentes razas geográficas.

 

En Granada tiene un área de distribución muy amplia. Sus principales poblaciones se encuentran en Sierra Nevada, siendo también frecuente en otros sistemas montañosos, Tejeda, Almijara, Baza y sierras del noreste provincial. Cada vez es mas raro  encontrarlo en los valles y zonas bajas como  la Vega de Granada, la cuenca del Guadiana Menor, el límite con Almería y ciertas zonas de la comarca de los Montes, donde sufre una severa regresión.

 

 

 

Mapa de distribución provincial.

 

 

Ecología de la especie: 

 

Se trata de una especie muy versátil, poco exigente a la hora de seleccionar el hábitat, por lo que podemos encontrarla en bosques, terrenos de labor, alta montaña y todos aquellos lugares que dispongan de aguas con corrientes lentas o aguas calmas de una profundidad por encima de los 50 cm. que necesita para reproducirse. Incluso está presente en lugares en principio  aparentemente poco aptos por su aridez y elevadas temperaturas, como las depresiones de Guadix, Baza y el extremo suroriental de la provincia. Su distribución no parece estar influida por la altitud, ya que se encuentra  desde el nivel del mar hasta las zonas más altas de montaña. En Sierra Nevada asciende hasta los 2600 m en la Loma del Mulhacén.

 

Son animales predominantemente crepusculares y nocturnos, si bien en tiempo lluvioso y con  temperatura suave se les puede encontrar a plena luz del día. En ocasiones es posible observarlos en condiciones ambientales tan secas que ningún otro anfibio aceptaría salir de su refugio. Esto ocurre cuando tiene necesidad de humedecer su cuerpo en algún arroyo o masa de agua cercano. Durante el día permanecen ocultos bajo piedras, hojarasca o troncos. Dadas las extremas condiciones climáticas de Granada, el sapo común suele estivar  durante la época más calurosa del año, y también hiberna, sobre todo en hábitats situados a gran altitud. Busca para ello lugares con cierta humedad, como tocones, majanos, grutas o madrigueras. Tienen una actividad muy terrestre y se les puede encontrar bastante alejados del agua, a la que sólo acuden para reproducirse o para hidratarse.

 

 

 

 

Pareja en amplexo axilar, cordillera Subbetica Cordobesa, marzo 2005.

 

 

A mediados del invierno o bien entrada la primavera, dependiendo de la altitud, los sapos entran en celo. Esto ocurre cuando la temperatura media se sitúa en torno a los 12ºC (con temperaturas por debajo de 5ºC no salen de sus refugios). Son muy fieles con los puntos de agua que utilizan para reproducirse y cada año realizan auténticas migraciones, desde sus territorios de campeo hasta ellos. En nuestra provincia prefieren las charcas profundas, albercas de riego, también abrevaderos de ganado si estos no están muy nitrificados, y arroyos de aguas tranquilas y limpias. En menor medida pueden utilizar también charcas temporales, o depósitos de riego situados a ras de suelo. Los machos  son los primeros en llegar y esperan en el agua a las hembras, que acuden unos días después. No tienen saco bucal, y el canto de reclamo es apagado, algo metálico. El número de machos es más elevado que el de hembras, por lo que se producen auténticas batallas campales para conseguir subirse encima de una de ellas. El amplexo es axilar y resulta curioso observar en ocasiones a varios machos abrazados a una misma hembra, a ejemplares de otras especies, individuos muertos o incluso a objetos inertes. Este fragor produce a veces la muerte de la hembra por ahogamiento o asfixia. Los machos permanecen más tiempo en las charcas, a la espera de aparearse con varias hembras. Estas no permanecen más que el tiempo necesario para aparearse y poner los huevos. La puesta es la mas numerosa entre  nuestros  anuros (algunos autores han contabilizado por encima de los 12.000 huevos). Los cordones de puesta miden varios metros de longitud, y tienen varias filas de huevos de color negro. Conforme la hembra los va depositando en el agua, el macho los fecunda y son enrollados sobre las plantas y ramas sumergidas o directamente en el lecho.

 mamíferos carnívoros, como turones, ginetas y tejones. Su principal mecanismo de defensa es la huida, ayudados por una piel abundantemente cubierta de mucosidad y por su excelente capacidad para saltar.

 

 

 

Huevos de sapo común, Sierra Nevada (Granada), junio 2004. © Javier Fuentes Martín

 

La eclosión de las larvas se produce a los 5-15 días, dependiendo de la temperatura del agua. Los pequeños renacuajos, de unos 4mm, se dispersan por la charca y suelen situarse en las orillas cerca de la superficie, con el fin de acelerar su desarrollo al estar estas zonas mas expuestas a la radiación solar. Son detritívoras y se alimentan de algas, materia vegetal sumergida, detritus, fitoplacton, etc. Tanto las larvas como los huevos contienen varias toxinas, por lo que no son poco apetecibles para sus depredadores. Aun así ditiscos, larvas de libélulas, escorpiones acuáticos, peces, gallipatos y larvas de salamandra dan buena cuenta de ellas. El desarrollo larvario dura de 2 a 4 meses, en función de la temperatura del agua y la disponibilidad de alimento. Al finalizar la metamorfosis los pequeños sapillos de apenas 1,5 cms. de longitud, abandonan el agua y permanecen en los alrededores de la charca alimentándose de pequeños invertebrados. En años óptimos los juveniles tapizan el suelo que rodea a las charcas de puesta, escondidos entre la vegetación y bajo las piedras. La insolación y los depredadores diezmarán a estos pequeños sapitos.

 

 

 

Juvenil. © Javier Fuentes Martín

 

Durante el primer año de vida tienen un crecimiento muy rápido, llegando al tercer año al estado adulto, y pudiendo vivir más de diez años, hasta treinta en ejemplares cautivos. Conforme van creciendo van ampliando su espectro alimentario, que incluye multitud de invertebrados e incluso otros anfibios, pequeños reptiles, mamíferos y aves. Entre sus enemigos se encuentran las culebras viperina y de collar, las víboras, rapaces nocturnas y diurnas y diversos mustélidos. Destacar también que una especie de mosca (Bufolucilia bufonivora) deposita sus huevos sobre el cuerpo de los sapos, posteriormente las larvas se introducen en el cuerpo y literalmente los devoran vivos, hasta causarles su muerte. Las toxinas presentes en la  piel son potentes y algunos mamíferos que intentan comérselos pueden sufrir graves secuelas. La nutria y otros mustélidos se cuidan mucho de despellejar al sapo antes de su ingestión. Aparte de la toxicidad de la piel, y de la secreción venenosa de color amarillento que segregan por las glándulas parótidas, poseen otro mecanismo de defensa muy curioso, que consiste en hincharse de aire, levantar las patas traseras y agachar la cabeza, consiguiendo de este modo un notable aumento de volumen y dificultando su ingestión, sobre todo por parte de las culebras.

 

 

 

Postura típica defensiva, Sierra de la Almijara (Granada), octubre 2003.

 

 

 

 

Sapo parcialmente despellejado, probablemente por algún mustélido, que consigue de este modo evitar las toxinas presentes en la piel, Sierra de la Torrecilla, Lorca (Murcia), octubre 2002.

 

 

Estado de conservación, problemática:

 

Como ocurre con el resto de anfibios granadinos, este tenaz  animalillo se encuentra en continua regresión, sobre todo en las zonas más secas de la provincia, por la transformación y destrucción de los escasos puntos acuáticos que tradicionalmente utilizaba para reproducirse. Igualmente, la progresiva intensificación de la agricultura, supone un grave problema, por la destrucción de hábitats, la contaminación con pesticidas y la sobreexplotación de arroyos y acuíferos. Los atropellos que sufren cuando se desplazan a sus lugares de reproducción, la contaminación de arroyos y la introducción de fauna alóctona incompatible, completan el listado de amenazas directamente causadas por el hombre. Otros factores recientemente detectados, son las mortandades de larvas debida a unas radiaciones solares excesivas, al disminuir la capa de ozono y las infecciones producidas por un hongo, que produce mortandades masivas. Para los interesados en conocer un poco más sobre esta grave enfermedad que está afectado a multitud de especies de anfibios a nivel mundial, les recomendamos que visiten la página Web www.sosanfibios.org.

 

 

 

Sapo adulto atropellado, La Rábita (Jaén), octubre 2003.

 

 

Si a todos los factores anteriores añadimos el que en nuestra opinión es el mayor problema, que es la mala fama y la falta de información que tiene la población sobre esta y otras especies de anfibios y reptiles, nos encontramos ante un futuro poco halagüeño para la especie.

 

El sapo común representa un elemento más de los ricos ecosistemas que aún nos rodean, y es una pena, que a causa de una serie de leyendas sin fundamento, y una “incultura” occidental que se ceba sobre la mayoría de nuestras especies de anfibios y reptiles, muchos ejemplares mueran bajo la bota o el azadón. Debemos intentar entre todos, cambiar la imagen negativa que acompaña a esta especie. El conocimiento de la naturaleza y sus elementos es la base fundamental para su conservación. Si alguna vez tenemos la suerte de tropezarnos con un sapo, el único problema que puede causarnos, es un olor un tanto desagradable a ajos que nos queda en las manos si lo cogemos. Debemos lavarlas con agua abundante y no tocarnos los ojos, la boca u otras mucosas. Ni el sapo nos escupe, ni nos quedamos calvos, ni nada de eso. Simplemente lleva a cabo su existencia sin molestar a nadie, y cargando a sus espaldas el sanbenito de magia, demonismo y brujería que a su pesar, le hemos colocado.

 

 

 

Punto de cría en la Sierra de las Chanzas (Granada).

 

 

Propuestas de conservación:

 

Desde nuestra asociación sugerimos una serie de  medidas de conservación similares a las propuestas para otros anfibios;

 

-Creación de microreservas.

-Restauración de lugares de puestas deteriorados.

-Sanciones eficaces a las introducciones de peces o de cangrejos alóctonos.

-Estudio y seguimientos de las poblaciones.

-Creación de nuevos puntos de cría cercanos a los ya desaparecidos.

-Instalación de barreras en las cunetas de las carreteras y pasos para anfibios en aquellos  puntos negros donde se producen gran número de atropellos.

-Establecimiento de un nuevo reglamento en la construcción de aljibes o contenedores de riego en zonas agrícolas, que impida que estas construcciones se conviertan en trampas mortales para la fauna.

-Persecución de pozos y extracciones ilegales de agua.

-Apoyo a grupos de estudio y conservación de anfibios por parte de las diferentes administraciones para una buena puesta en marcha de las anteriores propuestas.

-Establecimiento de programas de educación ambiental sobre esta y otras especies, con el objetivo de contrarrestar las falsas leyendas y mitos relacionados con los sapos.                   

 

 

 

Punto de cría en la Sierra de las Chanzas (Granada).

 

 

El sapo común en la Sierra de Baza:

 

Se trata de una especie bien distribuida por el Parque Natural, siendo más común en las zonas altas de la mitad oriental. Utiliza para reproducirse los diversos arroyos que recorren el parque, así como los prados encharcados, situados a gran altitud en la zona limítrofe con la provincia de Almería. Las poblaciones situadas al pie de la sierra, y las de las vegas de Baza y Caniles, si han sufrido un gran retroceso en los últimos años. Se trata de ejemplares muy interesantes, pues a lo largo de los siglos se han adaptado a unas condiciones poco propicias para los anfibios, dada la elevada aridez de la zona, por lo que su desaparición supone una grave perdida. Sería necesario intensificar los muestreos para determinar con mayor precisión la distribución de la especie en toda la zona norte de Granada. Al igual que con el resto de especies, animamos a los lectores del boletín a que nos comuniquen datos de presencia del sapo común en las comarcas de Baza, Guadix y Huéscar.

 

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